A pesar de ser
considerado como un deporte individualista y solitario, el atletismo me ha
hecho un gran regalo del que me siento
afortunado, los amigos de verdad.
Empiezan siendo simples
compañeros de entreno, que te ayudan en
el día a día. Con el tiempo, el roce hace el cariño y nos convertimos en
inseparables, haciendo durante el rodaje grandes alegatos de las pequeñas historias cotidianas. Te levantas con el deseo de que llegue el momento para volver a vernos y continuar la conversación sin terminar del día anterior.
Esos amigos que nunca
te fallan, que te levantan en los peores momentos y se alegran cuando algo te
hace feliz, pasan a ocupar un lugar en tu corazón y acaban formando
parte de tu familia, de esa familia que no fue impuesta, sino que la vida hizo
que tú eligieses.
Buen lema de
compañerismo. Por eso, ni los años ni la distancia hacen que se pierda el
sentimiento de amistad, los verdaderos amigos siguen estando ahí, puedes confiar en ellos, y cuando se vuelven
a encontrar se paraliza el tiempo.
Y reanudas aquella conversación que nunca
terminó…




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