Para mí el paraíso es la Isla de La
Graciosa. Un lugar donde te olvidas de los problemas diarios, desconectas y dejas al lado las amarguras.
Cuando desembarcas en su muelle parece
que estás en otro mundo; sus calles limpias sin asfaltar te reciben con aire
fresco y puro, sin contaminación. Y sus playas vírgenes invitan a meditar y a
reflexionar sobre las vivencias a la orilla del mar.
Es una inyección de energía para
continuar entrenando y por supuesto
finalizar el día con un baño bien frío es reconfortante.
Siempre he estado enamorado de mi isla.
He pasado etapas de mi vida y he realizado importantes entrenamientos. Pero
sobre todo tengo grandes amigos que están a mi lado en los buenos y malos
momentos.
Ser de La Graciosa es maravilloso y
siempre diré con orgullo que soy de allí.
Mi tierra querida. Una isla diferente por mucho que pase el tiempo.






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